Chupa Chups, un año después.

Los ex trabajadores consideran un fraude el plan de recolocación de la multinacional y se sienten «desanimados y desamparados»

Defraudados, desanimados y desamparados. Esas son las tres des que resumen el estado de ánimo de los ex trabajadores de Chupa Chups a escasos días de cumplirse un año del cierre de la fábrica de Villamayor (Piloña).

Varios de ellos hacen balance de los últimos doce meses durante un encuentro a la entrada de la emblemática fábrica de Chupa Chups. El cierre cambió radicalmente la vida de más de un centenar de empleados y traumatizó a todo un pueblo como Villamayor, que durante más de medio siglo había vivido de la fabricación del famoso caramelo con palo.

Han pasado doce meses desde que el característico humo dejase de salir de las chimeneas de la fábrica. El año ha estado marcado por un plan de recolocación de los empleados que tenía como plazo hasta el pasado septiembre para encontrar trabajo a los despedidos y que, a pesar de que en el mes de abril la empresa encargada de dicho fin anunció que buena parte de los obreros serían contratados en el verano, a día de hoy son muchas las voces que tachan estas promesas de fraude.

Según datos ofrecidos por parte de los sindicatos CC OO y USO, una vez finalizado el plazo fijado para la recolocación, cerca de un 40% de los ex empleados no había encontrado todavía trabajo. En este sentido, los afectados creen que la cifra «es aún mayor» por lo que se comenta entre ex compañeros; y creen que en el 62% de ocupados se incluye los que encontraron trabajo por su cuenta y no por el plan. Además, aseguran, en estos datos se excluyen varios trabajadores que se marcharon a la planta catalana de Sant Esteve Sesrovires, de la cual algunos han vuelto y sólo quedarían menos de diez miembros.

De todos modos, los ex empleados coinciden en señalar que comprenden la dificultad para ser recolocados debido a la situación económica actual, si bien centran sus críticas en políticos y sindicatos que, a pesar de mostrarles su apoyo durante el período que transcurrió entre el anuncio del cierre en junio de 2010 y el cierre definitivo en enero de 2011, actualmente se sienten olvidados por éstos.

Es el caso de la ex empleada y vecina de Villamayor, Vanessa Blanco, quien vio cómo el cierre truncaba diez años de trabajo estable para dar paso a una situación actual en la que con 29 años su vida laboral se limita a trabajos ocasionales que le impiden ser económicamente independiente. «Hay mucha gente que no volvimos a encontrar un trabajo; estamos totalmente olvidados y desamparados», señala Blanco, que admite haber tenido dos salidas laborales que no le era posible aceptar. «Deseché el traslado a Barcelona por el alto coste de la vida y no fui a una entrevista para ser pescadera en Avilés porque el dinero que ofrecían no daba ni para la gasolina».

También sin trabajo continúa el ex empleado Gaspar Rodríguez, que tras diez años trabajando en la cocina de la planta de Villamayor se encontró en la calle a los 46 años y salvo cuatro meses del oasis que supuso la emisión del «reality» «Acorralados» -grabado en el concejo-, no ha vuelto a encontrar trabajo. «Fui a dos reuniones del plan de recolocación y no volví porque no valía para nada», comenta Rodríguez, mientras se cuestiona qué fue de las promesas hechas a los trabajadores. «¿Qué fue de los 5 millones que el ex consejero de Industria Graciano Torre dijo que la empresa tenía que devolver? ¿Qué fue de la comisión de seguimiento de los sindicatos?», se pregunta.

En la misma línea se pronuncia Javier Blanco, de 47 años, con 17 de experiencia en Villamayor y que aún no ha podido reconducir su vida profesional. «No me han llamado ni para hacer una entrevista», indica resignado el trabajador, que pide a los sindicatos y al ex consejero de Industria que den la cara. «Graciano Torre debe dar explicaciones, al igual que los sindicatos, pues a día de hoy no sabemos ni quién forma la comisión de seguimiento», añade Blanco.

Algo más de suerte tuvo el joven de 32 años Félix Cancio, que poco después de poner punto y final a una etapa de 10 años en Chupa Chups encontró trabajo eventual en otra multinacional, primero con un contrato de cinco meses y ahora supliendo una baja. «Por suerte encontré trabajo, pero por mi cuenta, nadie me ayudó», puntualiza, cuestionando la eficacia del plan de recolocación. «Nos prometieron trabajo, pero al poco vimos que la realidad era otra».

También encontró trabajo más estable Miguel Ángel Isasi, que después de 16 años en la planta piloñesa volvió a su trabajo anterior como mecánico, pero tacha el proceso para recolocar a sus compañeros como «una auténtica vergüenza» ante lo que considera un fraude de la multinacional ítalo-holandesa. «La mano de obra les salió gratis todos estos años. Nos hacían pintar máquinas viejas y ponerles unas chapas con una fecha de fabricación para justificar grandes subvenciones», denuncia Isasi, que considera «una enorme injusticia» que nadie le reclame a la empresa multinacional las millonarias subvenciones que percibió para invertir en la reactivación de la zona.

Precisamente esa renovación es la que piden los vecinos de la localidad, que ven cómo según pasa el tiempo Villamayor decae económicamente. «Cada día que pasa es más patente el golpe económico que supuso el cierre para Villamayor», destaca el vecino Pablo Corte que, a la vez, lamenta que las movilizaciones no fueran aún mayores. «En el pueblo estamos orgullosos con lo que peleamos, pero creemos que si hubiese habido un mayor vuelco de todos, quizás habríamos evitado el fin de la fábrica».

Especialmente crítica con los responsables políticos se muestra la vecina Ángeles Novoa, quien culpa directamente a los concejales del Ayuntamiento de la marcha de la empresa por facilitar los trámites del cierre.

«Si el Ayuntamiento no hubiese dado la licencia a la empresa, ésta no habría podido cerrar porque era el único trámite que les faltaba para irse y dejarnos tirados; en el pueblo lo sabíamos desde hace muchos años», recuerda una Novoa que de igual manera dice ser consciente de la «depresión económica» que padece Villamayor y, por ello, espera que los políticos se acuerden de «devolver toda la riqueza que le que han quitado al pueblo».

Fuente: LA NUEVA ESPAÑA

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