Al Magnolio de “Villa Encarnación”

Nuestro amigo Silvino Pascual Martín, nos envía este poema en serventesios, alusivo a la histórica relación “arbóreo-arquitectónica”

AL MAGNOLIO  DE VILLA ENCARNACIÓN
         – ( en “La Gotera” ) -

 

Esta mansión que hoy veis desvencijada

Junto a un magnolio enhiesto y vigoroso

¿Fue quizá el sueño en una vida holgada

De un indiano opulento y laborioso?

 

Indiferente hacia la prisa humana,

Vio pasar ya cuatro generaciones

Bajo su copa en ascensión lozana,

Testigo de fracasos e ilusiones.

 

¡Oh lustroso magnolio, tu esperanza

El tiempo terco aún no ha marchitado!

¡A tu lado, ventura, malandanza,

Hogar, guerra y amores han pasado!

 

Los niños que jugaron a tu sombra

Crecieron como tú y se dispersaron.

Tú sigues en la misma verde alfombra,

Ellos a lueñes tierras se marcharon.

 

Se los llevó el azar, mixtura extraña

Entre elección y sino inexorable.

Vivió el magnolio el guerrear de España

Y el exilio ominoso y deplorable.

 

¡Cuántas veces la plática serena

Junto a ti de los dueños que habitaron

La morada que hoy es ruinosa pena

Y en polvo duermen quienes te plantaron!

 

¡Cuántos heridos hubo entre estos muros!

¡Cuántos trabajadores cobijados,

Que repararon los estragos duros,

Por los combates bélicos causados!

 

Tú, magnolio, los viste cabizbajo,

-sin ceder en verdor ni en energía-

Redimiendo sus penas con trabajo

Y hallando en los desastres alegría…

 

Pero el tiempo, que todo lo devora,

Cayó sobre la villa abandonada…

La lujosa mansión que fuera otrora

Alma es en pena a ruina convocada.

 

Hoy la hiedra tenaz, verde agorera,

Es presagio de muros derruidos:

Tú, magnolio, testigo de primera,

Vas oyendo lamentos y crujidos.

 

Guarida de avecillas y palomas,

De lechuzas y búhos ululantes:

¡Ventana que te bates y desplomas,

Techos crujientes, tejas oscilantes…!

 

En las noches de luna con luz fría,

El viento sur entre tus verdes ramas

Va tañendo una extraña melodía,

En la que fuerte y tímido proclamas:

 

“¡Columna fiel, émula de mi tronco,

Que sostienes la vieja galería,

Evita de la ruina el ruido bronco,

Resiste aún, al tiempo desafía…!”

 

Tú seguirás impávido y lozano,

Aunque te invadan inconexas ruinas,

¡Testigo de la historia, casi humano,

Verde misterio en noches opalinas!

 

– Silvino Pascual Martín

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